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Corte, cantos y acabados

Cortar un tablero lo hace cualquiera. Lo que cambia el resultado es lo que viene después: el canto, el fresado, las esquinas, los taladros y el barniz. Aquí está qué es cada acabado, cuándo hace falta de verdad y cuándo solo encarece la pieza.

Qué significa «a medida» cuando lo decimos nosotros

Significa al milímetro, y significa que el corte se hace para tu pieza, no eligiendo entre una lista de tamaños. Puedes pedir 63,4 × 121,7 cm y eso es exactamente lo que sale del taller.

Lo que sí hay son límites físicos, porque cada material viene en un formato de fábrica y de ahí no se puede pasar. Cada uno se corta hasta el tamaño máximo de su plancha, y en todos hay una pieza mínima por lado. No hace falta que te los aprendas: el presupuestador te los marca al meter las medidas y no te deja pasarte.

Si tu proyecto se sale de esos límites, la solución no es forzar el tablero: es partirlo en dos piezas y resolver la unión. Lo hablamos por teléfono antes de que pidas nada.

El canto va incluido, y no es un detalle

Un tablero recién cortado enseña el alma por los cuatro lados. En melamina eso es aglomerado a la vista, poroso, que absorbe humedad y se desmiga con el uso. Cantear es pegarle una banda del mismo acabado para cerrar ese borde.

En melamina, HPL y rechapado no hay nada que decidir: se cantean siempre, por los cuatro lados, y va en el precio. Es una decisión de taller y tiene su lógica. Un canto abierto es el punto débil de la pieza, y el lado que hoy va contra la pared puede acabar a la vista dentro de dos años.

La madera maciza es otra cosa, y por eso no se llama igual. Los alistonados no se cantean: se fresan, que es perfilar el canto con una forma en vez de dejarlo recto. Eso sí es opcional, se cobra por metro lineal y ahí sí eliges tú qué lados lo llevan.

Fresado, esquinas redondeadas y pasacables

El fresado perfila el canto con una forma en vez de dejarlo recto. Se nota sobre todo al tacto y en piezas donde apoyas el brazo, como un escritorio o una encimera. Se cobra por metro lineal del canto fresado.

Las esquinas redondeadas se piden por esquina. Son medio estéticas y medio prácticas: en una mesa de comedor con niños o en un paso estrecho, una esquina viva a la altura de la cadera es un problema real.

Los pasacables son taladros para meter cables por debajo de la superficie. Van en escritorios y en muebles de televisión, y conviene decidir la posición antes, porque después no se pueden mover.

Barnizado y tintado: solo donde tiene sentido

Aquí hay una confusión frecuente que cuesta dinero: la melamina y el HPL no se barnizan. Ya vienen con su acabado de fábrica, y echarles barniz encima no agarra bien y no aporta nada.

El barniz es para la madera de verdad, es decir, para los alistonados y los rechapados. Ahí sí cambia mucho las cosas: protege de la humedad y del roce, y sin él la madera se mancha con cualquier vaso que se quede olvidado.

El tintado es otra cosa: cambia el color de la madera antes de protegerla, para llevar un pino a un tono más oscuro o igualar la pieza con un mueble que ya tienes. Como el barnizado natural, se cobra por metro cuadrado.

Cómo pedir el corte sin llevarte una sorpresa

Da siempre largo por ancho y en centímetros, en ese orden. En los materiales con veta el largo marca el sentido del dibujo, y una pieza girada 90 grados es la misma medida pero no es la misma pieza.

Si la pieza va encajada entre paredes, deja 2 o 3 mm de holgura por lado. Y si va a llevar bisagras, herrajes o guías, comprueba el grosor que pide el herraje antes de pedir el tablero: hay guías que no montan en 19 mm.

¿Pasamos de la teoría a tu proyecto? Mete las medidas en el presupuestador y tienes el precio al momento, o pregúntanos lo que no esté aquí.